Antes de haber realizado películas inolvidables como Seven Samurai (1954) o Yojimbo (1961), el célebre realizador japonés Akira Kurosawa se formó como pintor. No fue sino hasta 1936, que se interesó en el cine y comenzó su carrera como asistente de dirección. Aunque Kurosawa dejó de involucrarse únicamente en las artes plásticas para convertirse en uno de los pilares de la cinematografía universal, nunca dejó de dibujar y pintar.

Inspirado por la cultura japonesa y la influencia de las corrientes artísticas de Occidente, especialmente del expresionismo de Van Gogh, el impresionismo de Cézanne y del vanguardista Chagall, Kurosawa sintetizaba en sus imágenes dos visiones del mundo aparentemente distanciadas.

Ya como cineasta, el director japonés utilizaba sus dotes en el lienzo para dibujar los storyboards de sus películas. Este proceso le servía como etapa preparatoria. Cuadro por cuadro elaboraba cada una de las escenas que compondrían sus filmes, antes de comenzar el rodaje. Como él mismo declaró, pintar era para él una etapa esencial para la creación cinematográfica: Son muchas las cosas que pienso cuando dibujo storyboards. Ajustar la ubicación, la psicología y las emociones de los personajes, sus movimientos, el ángulo de la cámara preciso para capturar esos movimientos, las condiciones de iluminación, el vestuario y la utilería… No puedo empezar a dibujar hasta que pienso en los detalles de todas esas cosas. O, tal vez sea más exacto decir, que dibujo los storyboards para pensar en esas cosas. De esta manera, puedo concretar, enriquecer, y capturar una imagen de cada escena en una película, hasta verlo todo con claridad. Sólo entonces procedo con el rodaje.

BLG (@LadronadGuevara)

Fuente EnFilme